Hoy surgió un dilema en mi mente…

Buenísima pregunta de una amiga. . . .

La ley 4, La ley del menor esfuerzo, explicada en  Las 7 Leyes Espirituales del Éxito, (Deepak Chopra), nos recomienda,  no tratar de persuadir a los demás.  Lo que entiendo es que uno debe de dejar a los demás ser como son,  evitar defender mi punto de vista y aceptar las cosas tal y como son –pues el universo es como es–  y si uno se pone a forcejar en contra de la realidad actual, está perdiendo su energía.

Por otra parte,  Don Miguel y Don José Ruiz recomiendan en El Quinto Acuerdo, que debemos ser impecables con nuestras palabras (primer acuerdo), pues las palabras son símbolos que debemos utilizar a nuestro favor.  Entonces, ¿qué hacer con las personas que están a nuestro alrededor que esparcen veneno por utilizar las palabras en contra de otros y de si mismos?

Obviamente yo misma tengo mis momentos “tóxicos”, pero estoy trabajando en el proceso de tener conciencia del poder creador de mis palabras.  A ratos experimento que me  empieza a incomodar la toxicidad de las palabras ajenas y no sé si uno se puede contaminarme con el veneno ajeno.  Alguien dirá que no me debe importar lo que los demás digan, mas aun si tenemos en cuenta que el segundo acuerdo es No tomarse nada personal.

Mi dilema aparece porque si todos estamos conectados, ¿cómo evito no ser contaminada por la toxicidad –producto del mal uso de las palabras – de los demás?  Y al mismo tiempo, si ignoro la situación, ¿no estoy siendo negligente con los demás y por ende, conmigo misma?

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About Botón de pensamiento

Reiki and crystal healer, shamanic practitioner, writer, artist, translator and professor. I teach literature and culture at the university, run regular workshops on healing practices, guide trips to the Andes, edit Books on Healing page at AllThingsHealing.com, create therapeutic and ceremonial gemstone jewelry (http://earthpowerstones.com) and design and produce Spanish learning materials (http://barebonesspanish.com).
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2 Responses to Hoy surgió un dilema en mi mente…

  1. Ciclosdeluz9 says:

    Probablemente sea una reacción de mi Ego de hacerme sentir que “sé” algo que otros ignoran; o tal vez, sea una batalla más entre juzgar y aceptar a los demás tal cual son. De pronto sea una invitación a mirar introspectivamente y concentrarme más en mi evolución… los demás lo harán a su tiempo y a su velocidad… ¿Será como ocuparme de mi para paulatinamente contagiar a los demás? ¿Es acaso esta duda parte del proceso de ser concientes?

  2. ..o tal vez buscas la manera de limpiar tu espacio, o protegerte, o proteger a los demás…tantas posibilidades. Unas sugerencias en cuanto al post original?

    Tienes razón—no podemos descuidar un asunto tan importante—pero si vamos a mejorar la situación, de verdad, debemos tener un plan.

    1. No vamos a poder evitar contacto con la toxicidad—es mejor intentar disminuir el veneno en nuestras vidas.
    2. Disminuir la toxicidad empieza con cada persona—recuerdo la párabola de la mota en el Nuevo Testamento “¿O cómo puedes decir a tu hermano: Déjame sacarte la mota del ojo, cuando la viga está en tu ojo?” (Mt. 7:4).
    3. Claro que siempre depende de la situación, pero no podemos ignorar la toxicidad. A lo mínimo, prefiero despedirme de la situación/persona/sitio tóxico. Salir de la situación no es ignorarla—puede ser una decisión activa y sabia. Si me toca quedar, intento estar presente, observando las palabras, las condiciones del momento y mi situación interna también—o sea mis emociones y pensamientos. Si doy mucho peso/seriedad a mis emociones o las palabras de otros, me pierdo fácilmente en el barrial de la toxicidad—tomando sus fabricaciones personalmente. Cuando dejo de observar (o estar presente) y me pierdo en los pensamientos, los juicios, las situaciones hipotéticas, en mis pretensiones de superioridad moral—la toxicidad me ha envenenado.
    4. Claro que queremos ayudar a los demás salir de su “mala onda” pero si vamos a llamar la atención a la toxicidad de otro—hay que examinar la intención de uno mismo primero—si el deseo viene de una posición de control, superioridad, juicio personal o ira—tal vez es mejor no abrir la boca. Si la intención es pura, hay que buscar la manera más compasiva posible. Dejo que la intuición me guíe en estos momentos.
    5. Al final, el miedo de la toxicidad puede encerrarnos en nuestras casas escondiéndonos del mundo—pero no es saludable. Al reconocer la toxicidad, podemos empezar a desarmarla—poco a poco la experiencia enseña que la fuerza, la predicación y la resistencia no sirven para combatir su veneno—el antídoto es la compasión.

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